La literatura en Tik Tok

Una breve y pesimista reflexión sobre el arduo camino del escritor en estos tiempos.

EL CAMINO DEL ESCRITOR

José F. G. Rodríguez

11/19/20234 min read

Podría pasar horas escribiendo las miles de vicisitudes por las que he tenido que pasar o las que aún me quedan por experimentar, pero escogí comenzar con una muy particular: las redes sociales.

a man sitting at a desk with a laptop and a camera
a man sitting at a desk with a laptop and a camera

El camino del escritor es arduo, de ello no cabe duda; desde tan solo plantearse la posibilidad de escribir una novela hasta tener que venderla. Todo el proceso es una lenta marcha plagada de frustrantes obstáculos. Al final, todo vale la pena, o al menos eso quiero creer; de lo contrario, no encontraría motivación para seguir escribiendo día tras día.

a cityscape with a red sky and a red sky
a cityscape with a red sky and a red sky

Sé lo que están pensando: las redes sociales son una excelente manera de dar a conocer tu producto, en este caso, mi libro. Y es verdad, pero requiere algunos matices. Si bien cada red social tiene sus propias lógicas, dinámicas y estrategias, todas ellas tienen algo en común: están hechas para captar la atención de los usuarios por un promedio de veinte a treinta segundos. Entonces mi pregunta es: ¿se puede ofrecer un contenido de calidad en ese lapso?

Para explicarme mejor, les contaré mi experiencia. Cuando publiqué mi primer libro (Acracia), por allá por la pandemia, me creé una cuenta de TikTok para promocionarlo, y de paso hablar sobre literatura y cine, que son los temas que más me apasionan. Al inicio todo era muy orgánico, por así decirlo, en el sentido que iba subiendo los vídeos que se me ocurrían sin orden ni estructura alguna. Hasta que un fatídico día se me ocurrió averiguar en internet cómo podía obtener mayor alcance en dicha plataforma. Me encontré con una realidad apabullante y aterradora: tenía que captar la atención de la audiencia en menos de cinco segundos, y mantenerlos secuestrados con luces, colores, gritos y música estridente. Como si de una fiesta de niños se tratase. Y no podía hablar de cualquier cosa, tenía que resolver dudas o dar soluciones a problemas que ni tu audiencia sabe que puede tener. Todo ello sin dejar de mencionar que cualquier vídeo que durase más de veinte segundos era una eternidad.

a tablet computer and a tablet computer on a desk
a tablet computer and a tablet computer on a desk

Todo debía ser rápido, frenético e instantáneo. ¿Acaso ya no hay espacio para la contemplación y el análisis? Muchos dirán que sí, pero lo cierto es que no puedes apreciar mucho en diez, veinte o treinta segundos. Se necesita más tiempo para asimilar un mensaje.

Piensen en la siguiente encrucijada: los libros se leen, leer es una actividad que implica concentrarse por largos minutos (u horas), y las redes sociales solo captan tu atención por escasos segundos. ¡Estaba perdido! Luego recapacité: debían existir otras cuentas que hablasen de lo mismo y tuviesen éxito. Sí y no. Algunas cuentas tenían números muy similares a los míos, en otras palabras, estaban en la misma situación. Había otras que manejaban número exorbitantes. ¡Solucionado! Solo tenía que hacer lo mismo que hacían ellas. Fue cuando me enfrenté a una realidad mucho más aterradora: BookTok (o BooksTagram, para el caso de Instagram).

a woman taking a selfie with her cell phone
a woman taking a selfie with her cell phone

Dejo claro desde ya que no tengo nada en contra de la gente que sube este tipo de contenido. De hecho, yo mismo lo sigo haciendo, así como mucha gente que conozco y que respeto como escritor y/o lector. Mi problema no es con nadie en particular, sino con las tendencias y la lógica con la que funcionan las redes sociales. Más que lectores, parecen coleccionistas de libros; obsesionados con que sus portadas sean hermosas y coloridas, para que luzcan bien sobre sus estanterías, cual museo de palabras.

Y ni hablar de aquellos que ostentan leer más de diez libros al mes. ¿Cómo lo hacen? ¿Tanto tiempo libre tienen? La respuesta surgió tras escrolear[1] un par de vídeos: leen basura desechable. Tramas genéricas que se repiten una y otra vez, con ligeros cambios para no caer en el plagio. Y personajes calcados de otros libros, que a su vez se «inspiraron» en otras novelas; creando una cadena eterna de estereotipos y clichés que parece no acabar nunca.

Personajes vacíos, tramas simplonas y narrativa básica, por decirlo menos, repitiéndose como un bucle de pasmosa mediocridad. ¿Y por qué se leen tanto? Porque, precisamente, son libros desechables; se leen rápido, no requieren mucha comprensión ni análisis y luego…, que venga el siguiente. ¡Negocio redondo! Pueden leer diez de estos libros en el mes (si no más), se jactan de su hábito de lectura en redes sociales y de paso se dan ínfulas intelectualoides. Realidad que es retroalimentada por un ejército de seguidores igual de ingenuos. Como dije, negocio redondo para las grandes editoriales, quienes venden a manos llenas ideas vacías. Y así todos ganan…, excepto la literatura, obvio.

a person in a coat and a coat of clothing
a person in a coat and a coat of clothing

¿Y entonces qué? De momento sigo en las redes sociales hablando de libros y escritura, tratando de encontrar un punto medio entre el contenido breve y el analítico. Es difícil, pero no me queda de otra. Literalmente, no tengo otros medios para darme a conocer, pero tampoco quiero caer en la banalidad de ostentar cuántos libros leo al mes, ni de cuánto me hizo llorar una novela, ni qué canción de Taylor Swift soy según mis gustos literarios.

Saludos.

[1] Se denomina Scroll al desplazamiento, generalmente de arriba hacia abajo, de los contenidos que forman una página web, una app, etc. Es también aplicable a los videojuegos, donde puede darse un scroll horizontal, vertical o multidireccional.

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